
Ya estamos en el tiempo de los mordiscos al turrón del duro. Para contrastar un mazapán blandito dulcísimo, ummmm! y un polvorón que ocupe toda la boca. ¡Vamos caminito de las fiestas! me refiero a esos momentos donde se desea de todo bueno, los propósitos suelen ser honestos y nos hartamos de comida y champán. Todos tiramos la casa por la ventana y esperamos abajo viendo el desastre o la belleza, según se mire. ¡Hala, todo para fuera! A la calle las propiedades rotas, ajadas o enteras! me gustan los 25 de diciembre destapando belenes y oyendo las campanas de la misa de gallo. ¿Hay alguna misa de la gallina? Mi corazón se prepara para las horas en que el alcohol y la inconsciencia me liberen de la materia, de la materia prima y todo sea fiesta. Juerga sin mirar atrás ni alante. Juerga para mirarse adentro. Para comunicarse adentro. Para conocerse mejor. Para olvidar. para olvidarse.
Qué pasará con el turrón que sobre? y con las muelas picadas? Supongo que la música y el viento los protegerán de la nada. El polvo y la manera de deshacer el mundo seguirán su proceso. Ya casi no queda nada de lo que fue real para los de antes. En mi casa el turrón del duro se endurece más y más y nadie acaba la pastilla anual y se tira por marzo o el abril siguiente. Pobre turrón.
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